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Ofrendas de canchire: el altar de muertos de San Lucas y Huetamo que se pone sobre la cama

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Ofrendas de canchire: el altar de muertos de San Lucas y Huetamo que se pone sobre la cama

A unos días de que las familias michoacanas levanten sus altares, vale la pena voltear a ver una ofrenda que casi no aparece en los carteles oficiales: la ofrenda de canchire, una costumbre de los ranchos de la Tierra Caliente que se arma sobre el mueble más humilde de la casa.

La historia la contó en octubre de 2022 Quadratín Michoacán, que la describió como "una tradición ancestral que se conduce a la extinción" y que las comunidades campesinas de San Lucas luchan por mantener viva. Según esa nota, es "una costumbre arraigada entre los miembros de comunidades rurales de San Lucas, Huetamo y parte de los municipios colindantes de Guerrero".

La cama que también era altar

El canchire era la solución de las casas que no tenían para muebles. "Era cama para dormir, lo más normal, pero también como mesa y otros usos, como las ofrendas, porque en muchas de las casas antes no había muebles", explicó a Quadratín José Socorro Cornejo Gutiérrez, fotógrafo y promotor cultural de San Lucas.

José Socorro, de más de 71 años, todavía recuerda los altares de su abuela, quien murió a los 84 años y que año con año le dedicaba una ofrenda de canchire a sus antepasados. En aquellas casas de paja de ajonjolí y adobe, el canchire se ponía al centro, "vestido de forma humilde", con servilletas bordadas a mano que llevaban el nombre de cada pariente al que se recordaba.

No había lugar para altares ostentosos ni papel picado de colores. Lo que se ponía era lo más básico, porque en ocasiones, dice la nota, "no había ni para el pan".

Lo que se servía a los difuntos

Aun así, la mesa de los muertos se llenaba con lo de la tierra. De acuerdo con Quadratín, sobre el canchire se colocaba:

  • Fruta de temporada.
  • Tamales nejos, chimpa y aporreado.
  • Pan de muerto con forma de hombre o de mujer.
  • Gorditas de maíz, dulces, agua, huevo, leche, mantequilla y azúcar, según la receta de cada familia, con base de maíz nuevo remojado o de cuajada.
  • Atole duro, para el que la gente pasaba días juntando leche.
  • Cigarros de hoja de maíz, hechos con tabaco que también se recogía.

Junto a la comida iban algunas pertenencias del difunto, casi siempre cosas del campo: un guaje, los huaraches, el sombrero o la yunta con la que se trabajaba la tierra.

Aguardiente en lugar de pulque

A diferencia del centro de Michoacán, en estos altares no había pulque sino aguardiente. Lejos de la capital del estado, hasta el alcohol escaseaba, y se tomaba de la forma más sencilla. "Cerveza no había mucho, los alcoholes que se tomaban eran tés; de canela, té de hojas de naranjo o muicle, se le ponía su chorrito de alcohol que se compraba por decilitros en las tiendas, ¡se les conocía como calientes!", recordó Cornejo Gutiérrez. Los que tenían más, añadió, lo tomaban en chorreados, una bebida de leche y huevo o con chocolate.

Una tradición que se va apagando

La costumbre, según la nota, solo sobrevive en algunas comunidades alejadas del pueblo de San Lucas, que antes se llamaba Turipecuaro. Hoy gana terreno, dice la nota, "la ofrenda purépecha y de siete niveles ampliamente promovida por las autoridades", y las camas de canchire han ido cediendo su lugar a los colchones.

Por eso José Socorro pidió a los visitantes ir más allá de los panteones y las muestras en las plazas: "Tienen que ir a las comunidades, en los hogares, allí si se ven las tradiciones, acompañando su ofrenda; no vayan a las presentaciones de ofrendas, porque no es fidedigno".

La región tiene con qué presumir. En marzo de 2022, Primera Plana anunció que Huetamo, San Lucas y Carácuaro expondrían parte de sus tradiciones en Casa Michoacán, en Morelia, con un grupo de 49 personas: danzas, música, platillos típicos y artesanías, con el Ballet Folklórico Turipécuaro y la Tamborita Bonito San Juan Huetamo, además de sombreros y huaraches hechos por artesanos de la región.

Para las familias calentanas en Houston que este año pongan su altar, el canchire es un recordatorio de que la ofrenda no necesita lujo: basta con lo que hay en casa y con el nombre de los suyos bordado a mano.