El número de inmigrantes irregulares interceptados y detenidos en Estados Unidos cayó a 406.595 personas en el año fiscal 2015, el segundo menor nivel desde 1972, informó este martes del Departamento de Seguridad Interna (DHS, en inglés).

De acuerdo con las cifras divulgadas, las detenciones de ciudadanos mexicanos se redujeron un 18% con relación al año fiscal anterior, al tiempo que los casos con ciudadanos provenientes de países de América Central cayeron un 68% respecto de 2014.

En una nota oficial, el Secretario de Seguridad Interna (DHS), Jeh Johnson, apuntó que 2015 es “un año de transición, en el que nuestras nuevas políticas centradas en la seguridad pública comenzaron a ser implementadas”.

Johnson, sin embargo, señaló que en 2016 el país será nuevamente “desafiado por una serie de factores que empujan la inmigración ilegal hacia Estados Unidos, en especial desde América Central”.

La situación registrada en las fronteras durante el año fiscal 2015 (de octubre de 2014 a septiembre de este año) muestra claramente esta tendencia, dijo este martes un alto funcionario de la Patrulla Fronteriza, supeditada al DHS.

“La inmigración ilegal continúa decreciendo en comparación con el año 2000, cuando la patrulla reportó la detención de 1,6 millones de personas”, añadió la fuente.

Según ese funcionario, que habló bajo condición de anonimato, en este año fiscal, sólo la patrulla registró 337.117 personas detenidas, “lo que representa una baja del 30% con relación al año anterior y de 80% sobre el 2000”.

Entre tanto, en lo que va de 2015 el DHS condujo 426.463 “remociones y retornos”, en una referencia a la deportación o expulsión de inmigrantes en situación irregular que acabaran de ingresar al país o que hayan pasado un tiempo viviendo irregularmente en Estados Unidos.

Además, la oficina de Inmigración (ICE) “removió o retornó a 235.413 individuos” a su país de origen, aunque destacó que la absoluta mayoría de ellos eran personas consideradas de “deportación prioritaria”, por tener antecedentes criminales o representar una amenaza para la sociedad.

En el verano boreal de 2013, Estados Unidos vivió una súbita oleada migratoria, con miles de niños sin compañía de adultos, la cual conmocionó al país y obligó al gobierno a decretar medidas de emergencia ante un inminente desastre humanitario.

El gobierno centralizó en el DHS todas las tareas de rediseñar su seguridad fronteriza, y con ello los números de la oleada migratoria comenzaron a decrecer.

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