Ante el diluvio nacional que generaron las tormentas tropicales de “Ingrid” y “Manuel que se desataron en pleno centro de la zona del altiplano mexicano y que concentró sus corrientes desde Tlaxcala, Puebla, Oaxaca, Morelos, Estado de México y Guerrero con las avenidas gigantes de Michoacán, todo se llevaron a su paso por Tierra Caliente, de tal forma que en estos días de contingencia diluviana surge el barco de madera como inmejorable alternativa para cruzar las corrientes desbocadas ante la falta de puentes.

Por tal razón, en pueblos como Zirándaro, los barcos de madera habían pasado a la posteridad, y aquellos portentosos artesanos de la madera de parota, clavos de cinco pulgadas y gran laboriosidad que les dejó la ingeniería naval de los olvidados prisioneros franceses que en el siglo X1X construyeron las primeras naves de madera como una forma de modernizar las comunicaciones ribereñas y superar las prehispánicas piraguas y canoas indias, tal como sucede en este momento en puntos como San Miguel Totolapan, Ajuchitlán, Coyuca, Santiago Conguripo y San Jerónimo.

Hoy, con el Balsas crecido, los viejos ribereños recordarán el comercio fluvial desde el puerto del Balsas hasta Pungarabato y Zirándaro, otros rememorarán páginas de libros como “La Barbasca”, si, a aquellos aventureros de la arriería regional que transportaban a lomo de burro las semillas rumbo a Morelia, Toluca y el Distrito Federal, luego en camiones de 12 toneladas cargados de ajonjolí y regresaban con mercancías, y de nuevo y de pronto surgen nuevos barcos de madera, esos que resurgieron esta semana como un milagro de la naturaleza misma.

Tiempos añorados del ayer del Balsas, en los que se construyeron al estilo belga y francés nuevos barcos, con serrucho, clavos, martillo, chapopote y finas tablas de parota, tiempos aquellos en que no había luz eléctrica, y solo los carpinteros especializados lograban el milagro del calafateado perfecto, la fabricación de remos, y de esa forma y de proa al sol cruzar una y mil veces el poderoso Balsas, ese mismo que se salió de madre, tal vez como no sucedía en mil años, pero que con la llegada de los puentes, un día los barcos desaparecieron, para volver de nuevo, en busca de su legítimo pasado barquero regional.

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