Después de la tempestad sobre el río Balsas viene la calma, sin embargo genera asombro los extraordinarios cambios que afloran sobre las riberas dela cuenca media al desviarse en largos tramos su curso el agua, como en Charácuaro, desaparecer zonas arboladas y de restaurantes como en Alita y Capeo y empezar a entender que varias poblaciones ribereñas de Huetamo y Zirándaro desaparecerán del mapa y deberán ser reubicadas en zonas altas, tal como lo indican especificaciones federales que han generado enormes controversias entre los afectados, dado que tenían sus fincas al pie del orgulloso río.

Hasta este momento, entre los bordos ribereños de la zona ribereña comarcana de Guerrero y Michoacán, aún se desconoce el número total de hectáreas siniestradas en potreros y bajiales, sin embargo es evidente ante los ojos de la comunidad balseña que la tormenta tropical “Manuel” que inicialmente azotó esta región y posteriormente “Ingrid”, modificaron el paisaje local y ahora, tal como dicen los vecinos de Guerrero; “ El paisaje es totalmente diferente a como los vecinos estaban acostumbrados a verlo; la casa que estaba ahí ya no está, los árboles frutales solo sus recuerdos quedan de los postes de madera con alambre de púas no hay ni sus rastros y sobre todo, el paisaje es totalmente desolador en comparación con apenas algunas semanas atrás.”

En Huetamo, sitios como el restaurante Alondra Capeo ya son recuerdo y en las ramadas de Arroyo Seco solo quedó el recuerdo de unos añosos pinzanes al pie del río, y del otro lado, en Alita, Gro; el restaurante de “El Alemán”, sitio predilecto de kayaqueros y turistas amantes de deportes extremos, ahora solo encuentran una palmera destrozada y enormes rocas que parecen haber sido lamidas por las turbulencias, mientras que en Charácuaro, extensas zonas de playa invadidas por el vecindario, ahora tienen una nueva panorámica de piedra y lodo, mientras que los milenarios paredones de tierra que protegen esa población arruinada los carcomió el agua.

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